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lunes, 7 de noviembre de 2016

Acierto de un maestro en tiros libres


Será un dulce parón para la Juve, que cierra el tour de siete partidos en tres semanas con la victoria ante un Chievo que no se ha rendido y que ha complicado mucho la vida a la Vecchia Signora. Son necesarios golpes de campeones para volver del Bentegodi con los tres puntos y los bianconeri los encontraron por medio de Mandzukic y Pjanic. El primero, el mejor sobre el campo durante una hora, el segundo decisivo en el momento más complicado.

El inicio no fue fácil, ya que a los cinco minutos Allegri se vio obligado a hacer el primer cambio por un problema en la espalda de Barzagli, que fue sustituido por Bonucci. La presión del Chievo creaba problemas a los bianconeri, que no lograban construir. Los veroneses además intentaban crear algo de peligro. Pero el 600° partido de Buffon en Serie A transcurría sin agobios, mientras que la Juve poco a poco se iba haciendo con el control del campo gracias a las buenas jugadas de sus campeones, como Mandzukic. El croata era el delantero más buscado por sus compañeros, gracias a sus continuos movimientos. Con el paso de los minutos se jugaba en una única mitad del campo, mientras la Juve buscaba el gol desde fuera del área con Hernanes y Cuadrado, además de algunas acciones de Higuaín.

Al comienzo de la segunda parte se demostró que Mandzukic era quien más peligro creaba. Tras un justísimo fuera de juego, una asistencia de Cuadrado permitió al croata descargar un letal tiro diagonal. Un duro golpe para un Chievo que había comenzado muy bien la reanudación, y que trató de reaccionar con la entrada de Pellissier. La Juventus trataba de buscar el segundo tanto, pero fueron sin embargo los veroneses los que lograron el empate. Tras una gran parada de Buffon a tiro de Pellissier, en la jugada siguiente fue el propio delantero el que fue derribado en el área por Lichtsteiner, anotando la consecuente pena máxima.

No se descompusieron los bianconeros, reaccionando con mayor decisión. El Chievo creaba peligro, pero la Juve tenía un arma más: "Tenemos que buscar las faltas para aprovecharnos de la calidad de Pjanic", había dicho Allegri en la víspera. El bosnio obedeció. Forzó la falta al borde del área y después colocó el balón en la escuadra tras superar la barrera. Un gol fantástico que vale tres puntos, legitimados también por las ocasiones falladas por Sturaro y Cuadrado, además de otro gran saque de falta de Pjanic al que sólo sorrentino le negó el doblete. En resumen, un poco por imprecisión, un poco por méritos de los rivales, la Juve no amplió la ventaja. Pero ganar es lo que importa… Lo único que importa.

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