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viernes, 9 de diciembre de 2016

Nacho y Lucas Vázquez, tras los pasos de Raúl


Ninguno de los dos lo vio en directo, porque era día de colegio y no se podía faltar, pero ambos recuerdan el ‘gol del aguanís’ de Raúl. Cómo olvidarlo. 1 de diciembre de 1998. Minuto 83 y 1-1 en el marcador del Estadio Nacional de Tokio. El Real Madrid buscaba su segunda Copa Intercontinental ante el Vasco de Gama brasileño 38 años después de la ganada a Peñarol, y todo parecía encaminado a la prórroga. Pero entonces Raúl recibió un balón en largo de Clarence Seedorf. Con un par de recortes secos, sentó a los dos defensores y al arquero… y marcó a placer. El mismo gol que tantas veces le vieron hacer en sus primeros años en la cantera merengue. El que los padres de sus compañeros de equipo bautizaron como el del aguanís.

Lucas Vázquez tenía entonces 7 años, y Nacho Fernández 8. Y ninguno de los dos futuros canteranos blancos podía imaginarse entonces que, 18 años después, estarían a escasos días de volar a Japón para emular al mítico ‘7’ en el Mundial de Clubes, competición heredera de la Intercontinental. Ambos se han reunido con FIFA.com antes de competir por el título de mejor equipo del mundo para hacer un ejercicio de memoria y analizar el reto que les espera. Empieza Nacho. “Seguro que vi la final en diferido. Me acuerdo sobre todo del gol de Raúl, que anda que no lo han repetido veces. Seguramente lo habrá visto todo el mundo”. Lucas tira de memoria intentando recordar la maniobra del delantero. “Hace esa especie de cola de vaca… Me acuerdo que, cuando me levanté por la mañana, lo primero que hice fue ver si había ganado el Madrid o no”.

El extremo no esconde su admiración por el autor de aquel golazo. “Por el Madrid pasaron grandes futbolistas, pero mi ídolo desde pequeño siempre fue Raúl. Por lo que significaba para el madridismo, lo buen jugador que era…” Luego llegarían Luis Figo y Cristiano Ronaldo, con el que actualmente comparte vestuario. “También era mi ídolo cuando fichó por el club”. Por su posición, Nacho era más de fijarse en los defensas. Y tenía un claro referente en aquel equipo del 98: “Fernando Hierro es uno de los jugadores que siempre me ha gustado muchísimo”. Después llegarían Fabio Cannavaro y el compañero del que procura aprender cada día: el capitán Sergio Ramos. “Siempre me he fijado en él”.

Madridistas desde la cuna, como Raúl, ninguno de los dos lo ha tenido fácil para abrirse hueco en el primer equipo, aunque no se rindieron. Lucas se marchó en 2014 al Espanyol buscando minutos, pero no tardó en regresar. Y Nacho permaneció en el club esperando su momento, que ha llegado ahora. “Estoy bien, me encuentro fuerte. He encarrilado muchos partidos seguidos, que era lo que necesitaba. Sabemos que la competencia que tengo es muy alta y llevo peleando por la titularidad muchos años. Intento pelearla en cada entrenamiento y en cada partido”.

Cuando Lucas regresó al Madrid en 2015, pocos le auguraban éxito teniendo por delante a la BBC de los Karim Benzema, Gareth Bale y Cristiano Ronaldo. Pero el extremo supo ganarse los minutos y hasta fue determinante en la final de la Liga de Campeones que el Madrid conquistó en Milán convirtiendo el primer penal de la tanda que decidió el título. “Está siendo un año muy bonito, con muchas emociones. Un poco loco, ¿no?”, dice entre risas. “Y muy contento, porque es algo que perseguía desde pequeño y estoy viviendo un sueño”. Un sueño que tiene un nuevo capítulo: su primera participación en un Mundial de Clubes, porque el de 2014 le tocó verlo por la tele. “Estaba jugando con el Espanyol, pero lo seguí. Vi la semifinal y la final”. Para Nacho será el segundo, porque el central sí estuvo en Marruecos. Y aunque no dispuso de minutos, guarda buenos recuerdos. “Fue la primera vez que tuvimos la suerte de estar en este torneo. La gente dice que es fácil, pero es muy difícil, porque primero has tenido que ganar la Champions. La experiencia fue muy bonita y acabó de la mejor manera posible. Ojalá repitamos ahora”, dice con una amplia sonrisa.

Lucas también lo tiene claro: quiere acabar el año levantando un nuevo título… y poder lucir en la camiseta el emblema que distingue al mejor club del mundo. “Poder lucir un escudo que dice eres el mejor equipo del mundo motiva más aún. Vayas adonde vayas todos saben que eres el campeón”, señala. Para lograrlo, deberán superar dos escollos. El primero, la semifinal del 15 de diciembre, donde se medirán al ganador del duelo previo entre el Jeonbuk coreano, campeón de Asia, y el América mexicano, rey de CONCACAF. Si ganan, jugarán la final tres días después. “Somos el Real Madrid y queremos el título sí o sí”, asegura Nacho. Japón, la tierra donde triunfó Raúl, ya espera a estos dos canteranos.

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