El subcampeón de Europa llega a cuartos de final después de eliminar al Bayer Leverkusen en la tanda de penaltis. Anteriormente, los rojiblancos terminaron primeros en su grupo, por delante de la Juventus, el Olympiakos y el Malmö.
Si de algo hace gala el Atlético de Madrid cuando se encuentra en un buen momento físico, es de lo rocoso que es su equipo. No es el Atlético un equipo al que le duelan prendas “hundir” dos líneas de cuatros hombres en su propio campo, sin apenas dejar distancia entre ambas, para dificultar el juego a su rival, especialmente en el juego entre líneas en la parte central. Los de Simeone también ocupan con acierto las bandas en fase defensiva, al involucrar a los interiores en el marcaje a los extremos rivales, con marcajes 2 contra 1 si es necesario para eliminar esa variante ofensiva al rival. Con ello se impide no sólo que el extremo rival pueda desbordar e introducirse en el área, sino que se elimina, de un plumazo, la amenaza que supone la incorporación de los laterales.
El balón parado, la mejor arma ofensiva: si bien el Atlético dispone de varios jugadores que le permitirían elaborar su juego algo más (Koke, Tiago, Griezzman, Arda), Simeone tiene edificado a su equipo en base a dos premisas: el contraataque y el balón parado. Sabedor de la velocidad que puede imprimir a su ataque con Koke como lanzador y Griezzman como ejecutor acudiendo al espacio, el míster argentino no tiene ningún reparo en “saltar” la línea medular en la elaboración de su fútbol de ataque, lo que indirectamente revierte en mayor solidez defensiva, ya que el rival no podrá disfrutar de situaciones de contragolpe claro por la superpoblación que encontrará en terreno atlético con jugadores de mayor carácter defensivo como Gabi o Mario Suárez.
Pero si hay un aspecto del juego que el Atlético explota a las mil maravillas, ése es el balón parado. Ya sea en córners o faltas, los hombres de Simeone tienen un gran potencial, principalmente en sus centrales: Godín, Miranda y Giménez. Bien por altura (Godín) o bien por movimientos en diagonal buscando el remate al primer palo (Miranda o Godín), los centrales rojiblancos son un arma ofensiva en este tipo de acciones que requiere de una vigilancia especial, obligando al rival a desistir de la defensa en zona para pasar, indefectiblemente, a defender de manera individual. También ocupa muy bien el Atlético de Madrid, especialmente con sus centrocampistas, las inmediaciones de la frontal del área para aprovechar ese espacio “muerto” y sorprender con el chut.
Si bien podría entenderse como una debilidad, el Atlético explota la agresividad en su juego como ningún otro equipo. Bien por mandato de su entrenador, bien por fisonomía de algunos de sus jugadores, el éxito más reciente del Atlético ha pasado, sin discusión, por proponer un juego muy físico a sus rivales, asfixiándoles en la presión, ya no sólo por buen posicionamiento táctico, sino por recurrir en no pocas ocasiones, a la violencia como forma de vida: patadas, agarrones, puñetazos… todo vale para evitar que el rival supere con facilidad las líneas de presión atléticas. ¿Hasta qué punto esto es una virtud? Hasta el punto de que, especialmente en España, el Atlético de Madrid disfruta de un “aura” de permisividad arbitral que le permite desarrollar este tipo de juego.
Es un hecho que el Atlético de Madrid “disfruta” cuando enfrenta a equipos obligados a llevar la iniciativa en el juego, lo que permite explotar sus virtudes al contraataque. En cambio, ante equipos que proponen un juego similar al de los colchoneros, el panorama cambia ostensiblemente. Las virtudes quedan minimizadas, reduciendo el potencial ofensivo atlético al del balón parado. Y es que la eliminatoria ante el Bayer Leverkusen ha dejado claro que igualando la intensidad y la agresividad, y haciendo que el Atlético sea el obligado a proponer y disponer, los de Simeone no tienen recursos.
Los laterales débiles son quizás el gran talón de Aquiles de los rojiblancos a nivel defensivo. El bajo nivel del flanco izquierdo se convierte en una vía a explotar, bien por Cristiano Ronaldo, bien por Gareth Bale, en sus típicas cabalgadas. En banda derecha, aun siendo Juanfran un tipo más fiable, también sufre ante rivales que explotan la velocidad como recurso para el desborde.



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