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martes, 20 de noviembre de 2012

Baile bianconero al campeón


El Chelsea seguirá siendo el campeón de Europa hasta el mes de mayo, pero en Turín perdió un poco de todo eso. No por el resultado, que también, sino por su imagen de equipo acomplejado derrotado por una Juventus que tampoco necesitó el partido de su vida para dejar en evidencia a su rival. La Juve apretó tanto a los 'blues' que a Di Matteo se le estropeó el nudo de la corbata. El partido le dejó en muy mal lugar.

La Juve, lo que hace, lo hace muy bien. Sabe competir y el Chelsea, el campeón aunque no lo pareciese, fue un caramelo en el patio de un colegio. Los italianos no dejaron salir a los ingleses de su campo y pasó lo que tenía que pasar.

Di Matteo mandó un mensaje preocupante con una alineación sin Torres y con Mata de falso nueve. Azpilicueta jugó de extremo y el Chelsea sólo se preocupó de lo que pasó sin balón. Le valía el empate y así ganó la Liga de Campeones, pero la Juventus le demostró que no por mucho defender se defiende mejor. Casi que todo lo contrario si no lo tienes claro.

El primero llegó cerca del descanso. Disparó Pirlo y el tiro resultó ser una asistencia para Quagliarella, con la caña preparada a pesar de las olas. Tocó la pelotó y no llegó Cech, que había sacado todo hasta entonces y había sido ayudado por el palo en una ocasión de Lichtsteiner.

Óscar y nada más 
El Chelsea nunca detectó a la Juve, que engaña con el propio Lichtsteiner y Asamoah, carrileros que podrían serlo en tres terrenos de juego seguidos. No necesitó la Juve la mejor versión de Pirlo. Bastó con la profesionalidad de los defensas y Vidal y Marchisio, todocampistas.

Del campeón casi mejor no hablar. Buffon sacó un mano a mano a Hazard, después de una contra maravillosamente conducida por el elegante Óscar, y poco o nada más. Di Matteo se acordó de Torres muy tarde, en el minuto 70, ya con 2-0. El Niño estuvo por detrás en la lista incluso de Moses.

Los otros tantos que se avisaban, juventinos claro, llegaron en la segunda parte. Vidal hizo el 2-0 y Giovinco cerró la cuenta en el último suspiro. Es, precisamente, lo que le queda al Chelsea, que está casi eliminado. Sólo un milagro (tiene que ganar y esperar una derrota de la Juventus en Ucrania con un Shakhtar ya clasificado) le permitiría seguir defendiendo una corona que despreció en Turín.

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