Para Gonzalo Higuaín no hay parones de selecciones ni jornadas de descanso. El argentino desarrolla desde principios de año una rutina al margen de la del resto de sus compañeros. El Pipita se esfuerza cada día por dejar atrás las secuelas de una operación de hernia discal. En su horizonte, una fecha, el 20-A, y un sueño: estar disponible para José Mourinho el día de la final de la Copa del Rey.
Para Higuaín, el simple hecho de viajar a Valencia sería ya un premio por sí solo. Operado en Nueva York el pasado 11 de enero, el delantero lleva ya más de cuatro meses sin sentirse futbolista. Trabajando en solitario tanto en su domicilio como en Valdebebas, conquistando poco a poco pequeños hitos, convertidos en grandes pasos para un futbolista en su situación. Como el día que volvió a pisar el césped, el pasado 2 de marzo.
Desde entonces, el Pipita ha seguido progresando. Lentamente, con paciencia, día a día. El reto de la final de Copa le motiva, más a nivel colectivo que individual. Porque estar en condiciones de jugar en ese partido es muy complicado , básicamente por falta de ritmo. Pero Higuaín sueña con el simple hecho de poder viajar. De ser parte del grupo, de animar a sus compañeros en una final cargada de alicientes. ¿Jugar? Seguramente, a primeros de mayo.
Un eventual retorno ante el Barcelona, además, cerraría el círculo de la lesión de Higuaín, que entró en su última convocatoria en el partido de Liga de la primera vuelta ante los azulgrana, el del célebre 5-0. En la jornada anterior, la duodécima, prestó su -hasta ahora- último servicio al Madrid, el gol que abría el marcador ante el Athletic. Ese día, 20 de noviembre de 2011, su espalda dijo basta. Fue el inicio de un calvario cuyo final, aunque lentamente, se va acercando.


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