Campeones de Italia. Campeones de Italia. Campeones de Italia. Campeones de Italia. Campeones de Italia. Campeones de Italia. Campeones de Italia. Campeones de Italia. Al escribirlo ocho veces se va casi un párrafo, pero no hay necesidad de escatimar en la longitud e incluso aunque nos arriesguemos a perder la voz por gritarlo ocho veces seguidas, merece la pena. Es lo mínimo para acoger el enésimo triunfo de este equipo maravilloso. Es más, #W8NDERFUL, igual que el hashtag de la celebración. Faltaba un punto, la Juventus se lleva los tres ante la Fiorentina, existiendo ese sano sufrimiento que da un placer extra.
El partido empieza cuesta arriba con el gol en el 6' de Milenkovic. E incluso podría haberlo estado más de no haber enviado Mirallas el balón por encima del larguero tras un contragolpe de Chiesa, o si Bonucci no hubiese interceptado el último toque de Simeone. La Juve no hace su primera conclusión remarcable hasta el minuto 20, obra de Bernardeschi. También lo intenta Pjanic y Ronaldo, aunque es de nuevo la Fiorentina la que vuelve a rozar el gol, con el derechazo de Chiesa desde fuera que se estrella en el palo. Los bianconeros insisten, aumentan la presión y son premiados. Pjanic saca un córner en el 37' encuentra a Alex Sandro en el primer palo y este, con un impresionante giro de cabeza, manda el balón a las redes para firmar el empate. Pero los violas no se rinden, y Chiesa se encuentra de nuevo con los postes, en este caso la escuadra, cuyo rebote, por fortuna para los bianconeros, no supera la línea de gol. Se llega al descanso con el 1-1 sabiendo que habrá que luchar, y no poco, durante otros 45'.
La brillantez de los visitantes parece entonces desvanecerse, y Ronaldo no tarda en aporvecharlo. El portugués recibe en el 53’ de Cancelo y pega un acelerón, deja atrás a su rival y cruza bajo buscando a Bernardeschi. Pezzella está en la trayectoria y, para evitar que conecte el ex viola, mete el pie, desviando el balón a su portería y la consiguiente ventaja bianconera. La Fiorentina es menos sólida y la Juve parece más lúcida y convencida. Los bianconeros acorralan a los violas en su mitad del campo. Ronaldo y Cuadrado lo siguen intentando, y también Pjanic desde lejos. El bosnio deja su puesto a Bentancur y a la media hora entra Kean en el puesto de Bernardeschi. Baja el ritmo, la Juve controla el juego y busca la posesión de balón mientras corre el cronómetro. Y cuando llega el pitido final, llega también el Scudetto. El octavo consecutivo. El enésimo de esta Juve infinita.



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