La vida sigue igual. Otra vez, pasó lo de siempre en el Calderón, que cuando recibe al Real Madrid ya sabe lo que va a ver. Los colchoneros ya saben que les espera una película de indios y vaqueros en la que siempre ganan los mismos. Los medios no importan. Siempre gana el Real Madrid. Un día acabará jugando con tres menos y también se reirá de su vecino.
El derbi madrileño entre Atlético y Real Madrid se ha convertido en un derbi de mentira porque siempre pasa lo mismo. El Atleti podría pensar en ahorrarse el esfuerzo y quedarse en casa después de pasar la noche de antes sin dormir. Es pensar en los de blanco y tener dolor de cabeza. Para eso mejor evitar el disgusto.
En los derbis no importa quien esté en el campo, en el banquillo o en la grada. En los derbis no importa que el Madrid arrolle o espere. En los derbis no importa si el Atlético da la cara porque siempre acaba con ella partida. Este sábado en el Calderón hubo un poco de todo eso. El Madrid, otra vez, volvió a adelantarse pronto y, como el año pasado, acabó pidiendo la hora después de rezar y darle las gracias a Casillas, que hizo cinco paradas de mérito, una de ellas sublime en un mano a mano con el Kun.
Al final, con los dos equipos pidiendo la hora, marcó Agüero y dio algo de vida al Atleti cuando realmente no existió. El final estaba escrito sin jugar. El derbi de siempre.
Ahora llega el parón liguero y tras él, la recta final del campeonato, la final de la Copa y la hora de la verdad en la Champions. El Real Madrid está vivo en las tres competiciones y afronta el tramo decisivo con todas las opciones del mundo.



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