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viernes, 13 de mayo de 2011

La historia exige un cambio


Miren unos instantes la imagen de aquí arriba. Hace unos segundos que la Juventus ha encajado el gol de Uribe tras el enésimo fallo defensivo (primero de Grosso con un mal despejo y luego del resto del sistema, que ejecuta tarde cualquier movimiento). Aquilani, Matri y Motta están perdidos. Los fantasmas de Catania y Cesena vuelven a su mente. Alex Del Piero tiene dentro de sí la imagen de tantas y tantas victorias y ese gen de “non mollare mai” que le hace arengar a sus compañeros.

Sin embargo, en menos de un minuto, iba a llegar la “beffa”: pérdida de balón en el medio, robo de Pellissier, incansable capitán de su equipo, disparo al palo, el balón sale rechazado, Pepe, inexplicablemente, no lo intercepta y Sardo, que llega libre de cualquier resistencia (recordemos que la Juve estaba sacando de centro), remata franco. Tras esos puntos del Manuzzi y los del Catania, echaremos de menos los de ayer contra el Chievo. ¿Qué pensará Del Piero, él, que ha vivido los momentos más espléndidos de este equipo y abandonará el fútbol sumido en la ruina que ha causado la ineptitud que le rodea? Seguramente mucha melancolía, rabia, impotencia. Más juventino que nadie quería mantener nuestro sueño encendido. Porque nosotros ya nos habíamos resignado y conformado con sólo eso, soñar. Soñar que la Juve se clasificaría con la Champions, mantener en vilo esa esperanza mientras la matemática la mantuviese viva.
Sin embargo, la Juve de Del Neri no está en la misma sintonía. No es digna de la historia de este club seguramente en el partido de ayer representó peor que nunca su poquedad y, posiblemente, alcance la eternidad como la peor Juve de la historia. Nunca antes había sufrido una remontada de dos goles en un minuto y, sinceramente, parece imposible que vaya a volver a hacerlo. Hablamos, evidentemente, a partir de la próxima temporada, cuando Del Neri ya no esté en el banquillo. Su marcha es ya una realidad porque, sencillamente, su gestión es indefendible. No intentó hacerlo ni tan siquiera Marotta. Desde ayer, el dg tiene claro que el futuro y el bien de la Juventus están por delante de la estima y la relación personal que tiene con Del Neri. Y, ojo, a Del Neri no se le juzga por este empate, como tampoco se ganó la confirmación ganando a la Lazio. Él es culpable de no haber construido un equipo, de ¿entrenar? a una Juve que no ha adquirido todavía una base y que, por ende, no recoge los frutos del trabajo normales por estas fechas. Diez meses después, la Juve de Del Neri todavía está en construcción y con un arquitecto incapaz de seguir los planos delineados.
Del Neri no puede seguir en la Juve. Y punto. Porque un equipo que tiene la victoria en el código genético no puede permitirse sufrir una remontada en un minuto. Y eso que el partido empezó bien, con el dominio de la Juve que rápidamente se materializó en ventaja gracias al penalti que Mantovani cometió sobre Pepe (claro agarrón, nada de generosidad) y que Del Piero transformó con potencia sobre la derecha de Sorrentino (13’). La victoria no parecía correr peligro, el Chievo, con cinco defensas y cuatro centrocampistas no podía osar mucho y, aunque la Juventus, como siempre, ya se había dejado llevar, no sufría demasiado, a pesar de las llegadas de Sardo y Jokic, superiores Grosso y Motta, que en la primera parte jugó algunos de sus mejores momentos como juventino, mostrando un entendimiento inédito con Krasic y creando un desdoble continuo que terminaba en centros, aunque no siempre exitosos. De todos modos, a pesar de que la Juve había caído en su monotonía habitual, llegó el radoppio. Del Piero (ancora lui) iluminó a Matri con un pase que superó a los tres centrales que cubrían al ex Cagliari; Matri controló y con el mismo pie, raso, la puso por debajo de Sorrentino.
Aún así, con una (otra) ventaja de dos, la Juve demostró que su historial de ridículos y despropósitos no tiene límites. Y no los tiene porque un equipo tampoco lo tiene. No hay ningún juego común, ninguna idea. En la primera parte, unos se apoyaron en otros para cubrir sus carencias (de hecho, Barzagli cuajó una grandísima actuación hasta que llegó el black out) y esconder los males. Pero en el segundo tiempo vimos como la Juve, si Krasic está apagado, si Matri está fundido y en una banda, si Marchisio no está inspirado ni Pepe por la labor, no hay nada. Es un conjunto de futbolistas (eufemismo: la renovación no debe llevarse por delante no sólo a Del Neri porque, al fin y al cabo, ellos no luchan contra su propia mediocridad) que lo único que consigue es destruir todo lo que Alex construye. Y si ya es ‘raro’ que, con 36 años, Del Piero sea el futbolista clave de la Juventus, más preocupante es que nadie sepa acompañarle y conservar lo que hace. A pesar del ataque de no sé sabe qué, si orgullo, vergüenza torera o qué que hicieron que en estado de enajenación mental transitoria, la Juve estuviese a punto de marcar dos veces, golpeando en ambas el palo, primero con Chiellini y luego con Toni (tardó mucho en entrar y encima lo hizo por Krasic, potencial surtidor de balones al área: otro fallo de Del Neri). Por supuesto, ese arranque queda contrarrestado por el del Chievo, que tras el empate estuvo a nada de bajar a la Juve al infierno de la derrota. Fue justamente Buffon quien abrió la puerta al gol que primero erró Pellissier y luego, tras pegar en el palo y la ligereza de Pepe en la recuperación que nos dejó perplejos, el balón llegó a Uribe, que sin portero, se enredó con Marchisio y regaló elgol. Lástima, clemencia. Quién sabe… Vergüenza es lo que sentimos los aficionados y lo que corearon al final los presentes (muchos, lleno) en la grada. “Vergognatevi, vergognatevi” es la banda sonora que acompaña este final de temporada.

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