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miércoles, 19 de septiembre de 2012

Corazón y garra para empatar en Londres


La Juventus volvió a sentirse grande. La Vecchia Signora regresó a la Champions League, su competición, y lo hizo con los principios de un histórico. Levantó un partido que se había puesto imposible tras el doblete de Óscar y sacó un empate en casa del vigente campeón gracias a los tantos de Vidal y Quagliarella, que rescató un punto a diez minutos del final.

Para el que no viera el partido suena a típico final de la Juve en un partido en Europa. Gol 'in extremis' tras un planteamiento conservador y un alarde de racanería como pocos. Nada más lejos de la realidad. Esta Juve tiene carácter, como siempre, pero también juega. Y le da lo mismo ir a Bolonia a disputar un encuentro teóricamente asequible que regresar a Europa tras años de ausencia y salir a dominar en territorio del vigente campeón.

Así se mostró la Juve, que no mereció verse con dos goles abajo y tampoco irse de vacío de Stamford Bridge. Le falta mala leche arriba. El talento de Giovinco se arruga ante tanto músculo e intensidad y la frialdad de Vucinic sirve en ocasiones, pero desespera en otras.

Caliente, muy caliente es el Chelsea de mediocampo hacia arriba. Ha sacrificado físico y a los Drogba, Kalou, Malouda y compañía les han dado el relevo delanteros menudos, habilidosos y eléctricos en sus movimientos. En torno a Torres circula la profundidad de Hazard, la voluntad de Ramires o el talento de Óscar. El brasileño, inadvertido en este inicio de temporada, empezó a justificar el desembolso por él realizado. Dos goles, uno con cierta dosis de fortuna y el otro con grandes cuotas de calidad.

Quagliarella pone la eficacia
Recursos, queda comprobado, tiene el Chelsea por doquier. La Juve no anda escasa precisamente de variantes ofensivas. Vidal, el teórico centrocampista defensivo, revivió al equipo italiano con un tanto de gran finalizador al filo del descanso.

Salió Mata comenzada la segunda mitad y el Chelsea mejoró. Anestesió el ímpetu rival y recuperó su clásica intensidad y empuje en ataque. Cuando mejor estaba, en el momento de mayor tranquilidad, asomó la cabeza Quagliarella para tirar un desmarque que Marchisio vio con precisión meridiana. La raza de la Vecchia Signora está de vuelta. Y la Champions League aplaude por ello. Se le echaba de menos.

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